Por: El Doctor Dogma.
"Latigazos de Terciopelo":
El naufragio de la "Dama del Odio": un guion para el olvido.
Es casi digno de un estudio antropológico ver cómo Vicky ha logrado convertir su candidatura en una comedia de enredos donde el único chiste es ella misma. Su campaña, ese buffet de insultos mal procesados y mentiras con patas cortas, ha tenido la eficacia de un paracaídas de cemento. La periodista, que antes se sentía la dueña de la verdad a fuerza de gritos, hoy protagoniza un monólogo frente a sillas vacías, dejando claro que su lenguaje —una mezcla de bilis y desesperación— ya no conecta ni con el Wi-Fi. Ha hecho el ridículo con tal maestría que ha logrado lo imposible: que sus propios jefes, expertos en el arte de la manipulación, finjan que no la conocen mientras se muerden la lengua para no gritarle el libreto en público.
El espectáculo es total cuando se observa a sus titiriteros tratando de limpiar el desastre sin despeinarse. En esos despachos donde el aire huele a prepotencia, sus superiores ocultan con un celo casi patológico ese rabioso "sionismo" que los guía, esa agenda de hierro que Vicky, con su torpeza de principiante, ha dejado peligrosamente expuesta. Se supone que ella debía ser la cara amable (o al menos coherente) de un proyecto mucho más oscuro, pero terminó siendo el "error de sistema" que ha dejado a sus patrones luciendo como aficionados. Al final, lo de Vicky no fue una campaña, fue un suicidio mediático en horario estelar, dejando a sus jefes con la rabia contenida y el "sionismo" más alborotado que nunca, pero guardado —por ahora— bajo la alfombra rota de su credibilidad.
"El Club del Pasaporte de Cundinamarca".
"Es conmovedor" observar cómo se defiende la carrera diplomática con uñas y dientes, presentándola como un baluarte de meritocracia cuando, en realidad, se trata del último gran monopolio de la etiqueta bogotana. Para ser la cara del país ante el mundo, no basta con ser brillante; parece que se requiere haber inhalado el smog de la capital desde el jardín infantil. La carrera es tan exclusiva y refinada que, por puro diseño geográfico, resulta invisible para cualquiera que cometa la imprudencia de vivir fuera de Bogotá.
Al parecer, el conocimiento de los tratados internacionales y la etiqueta diplomática solo se transmiten por ósmosis en las altitudes de la Sabana. Si usted vive fuera de Bogotá y sueña con la Cancillería, sepa que su patriotismo es válido, pero su código postal es un obstáculo insuperable. Es una forma muy eficiente de democratizar el servicio exterior: cualquiera puede participar, siempre y cuando tenga el privilegio de haber vivido toda su vida cerca de la calle 100 con séptima. Al final, el mensaje es claro: para representar a Colombia entera, primero tienes que comprometerte a nunca vivir fuera de las fronteras del Distrito Capital."
"En el gran teatro de la política venezolana, la duda no es si habrá función, sino quién vendió la boletería. Entre los venezolanos 'de a pie' que caminan el continente, la palabra 'traición' resuena con la fuerza de un himno, señalando al todopoderoso triunvirato que maneja el país con una mano de hierro y la otra en la calculadora. Según las malas lenguas (o quizás las más informadas), el petróleo bolivariano ha encontrado un atajo fascinante: fluye con entusiasmo revolucionario directamente hacia el Departamento del Tesoro de EE.UU., haciendo una escala técnica en discretas cuentas de Qatar, donde el dinero descansa lejos del ruido del pueblo.
Si la salida de Maduro fue una 'entrega voluntaria' para evitar el derramamiento de sangre, habrá que elevarlo a los altares de la filantropía, aunque lo cierto es que la resistencia fue tan invisible como el valor del bolívar. Al parecer, a los guardias cubanos se les olvidó activar el roaming y nunca les llegó el mensaje de la retirada. Lo más admirable de esta coreografía es cómo el triunvirato ha logrado que un pueblo, otrora bravo y rebelde, acepte este epílogo en un silencio sepulcral. En fin, mientras la verdad llega, nos queda el consuelo de que, en la política moderna, la lealtad dura exactamente lo que tarda en hacerse efectiva una transferencia bancaria internacional."
"La reciente excursión de Petro a la Casa Blanca ha sido un evento de tales proporciones que casi podemos escuchar el suspiro de alivio de la humanidad entera. Allí, entre sonrisas que desafían cualquier ideología previa, se ha sellado un pacto sagrado con el presidente Trump para erradicar, por fin, ese pequeño inconveniente llamado narcotráfico. Es conmovedor ver cómo se comprometen a borrar de un plumazo las masacres, el paramilitarismo y esa vieja costumbre nacional de comprar votos, como si el problema fuera de falta de voluntad y no de exceso de inventario.
Pero lo verdaderamente exquisito de este encuentro no es el fondo, sino la forma. El contraste es casi cruel: mientras Petro desfila con honores, el recuerdo del expresidente Duque todavía deambula por los pasillos de Washington, esperando aquel recibimiento que nunca llegó. Parece que en el protocolo estadounidense, la cortesía es un recurso no renovable: para unos hay cena y foto oficial, mientras que para otros solo hubo el frío silencio de una oficina vacía. Al final, la diplomacia nos enseña una lección vital: no importa cuántas masacres intentes detener, lo que realmente cuenta es quién te abre la puerta y quién te deja hablando solo con la estatua de Lincoln."
"Ábaco Encantado"
"Con las elecciones a la vuelta de la esquina, surge la romántica idea de que el Gobierno actual conforme un equipo de inteligencia para vigilar la Registraduría desde sus entrañas. Sería un experimento fascinante: ver si la transparencia logra sobrevivir en ese ecosistema donde los votos, como si fueran partículas cuánticas, tienen la costumbre de estar en dos lugares a la vez o de desaparecer sin dejar rastro.
Es de conocimiento público que la Registraduría no ha sido precisamente un convento de 'angelitos', sino más bien el feudo de los mismos de siempre, esos expertos en la milenaria técnica de que la voluntad popular no coincida con el acta final. En este país de tradición creativa, donde ya hemos tenido presidentes elegidos por la gracia de un 'apagón' oportuno, cobra más fuerza que nunca el dogma nacional: 'el pueblo vota, pero el que cuenta, elige'. Así que, ante la inminente amenaza de unos resultados adversos, nada mejor que un buen equipo de espionaje interno para confirmar lo que todos sospechamos: que en el software electoral, los números son, ante todo, una cuestión de interpretación y buenos amigos."
Continuará...