Por: Redacción.
Carnaval S.A. y el secuestro del patrimonio: El negocio de excluir a la Comunidad.
Lo que históricamente nació como una expresión de libertad y resistencia de las barriadas de Barranquilla ha terminado por convertirse en el botín privado de una élite indolente. En una alianza que raya en lo cínico, Carnaval S.A., la Alcaldía Distrital y la plataforma Tuboleta han consolidado un esquema de exclusión que impide que el barranquillero de a pie acceda de manera gratuita a los espectáculos que le pertenecen por derecho ancestral. La coronación de la reina y los eventos centrales de la fiesta ya no son actos de reafirmación cultural, sino mercancías de lujo diseñadas para quienes pueden costear los abusivos precios de una boletería controlada, transformando el patrimonio oral e inmaterial de la humanidad en un club privado de acceso restringido.
Esta maniobra de privatización del espacio público y de la cultura no es un error logístico, sino una manifestación de la codicia corporativa respaldada por el poder político. Al entregar la gestión de los ingresos a una "tartera" digital como Tuboleta, el Distrito no solo se desentiende de su obligación de garantizar el acceso democrático a la cultura, sino que se hace cómplice de un sistema que levanta muros de concreto y torniquetes entre la fiesta y su verdadero dueño: el pueblo. Mientras la administración posa para las cámaras celebrando una "internacionalización" vacía, la comunidad Barranquillera siente el rigor de una dirigencia que ha decidido subastar el alma de la ciudad al mejor postor, dejando a la ciudadanía en general como simples espectadores lejanos de su propia identidad.