lunes 16 de marzo de 2026 - Edición Nº54

Nación | 14 Feb

Nacionales.

El muro de las "Togas".

El bloqueo judicial como estrategia de parálisis política.


Por: Redacción.

El muro de las togas: El bloqueo judicial como estrategia de parálisis política.

El gobierno de Gustavo Petro enfrenta hoy un asedio que ha trascendido el debate parlamentario para instalarse en los despachos de las altas cortes. Lo que el Ejecutivo denomina un "golpe blando" o judicial es, en la práctica, una arquitectura de filigrana jurídica diseñada para neutralizar cualquier intento de reforma estructural. A través de fallos sistemáticos, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado han levantado un muro contra decretos de emergencia y artículos clave del Plan Nacional de Desarrollo, operando bajo un rigorismo que parece ignorar la urgencia social para blindar el statu quo de los sectores que tradicionalmente han detentado el poder.

Uno de los ejemplos más cínicos de este bloqueo es la sistemática suspensión de las facultades presidenciales para intervenir en la regulación de los servicios públicos. Mientras el Caribe se hunde bajo facturas impagables, el Consejo de Estado frenó el decreto que permitía al Presidente reasumir funciones de la CREG, devolviéndoles el control a comisionados que responden a los intereses de las grandes generadoras y no al bienestar del usuario. Este "equilibrio de poderes", en la realidad del ciudadano de a pie, no es más que la garantía jurídica de que el saqueo tarifario continúe sin interferencias, dejando al Gobierno Nacional como un espectador maniatado ante el abuso corporativo.

A este cerco se suma la anulación de pilares fiscales y sociales. Desde el hundimiento de la prohibición de deducir regalías en el impuesto de renta para las mineras —un regalo de billones de pesos a las multinacionales— hasta la reciente suspensión de decretos de emergencia energética en 2026, la justicia parece haber asumido una función legislativa de facto. Al tumbar herramientas de financiación y de gestión directa, las cortes no solo protegen las finanzas de los clanes y las élites, sino que vacían de contenido el mandato popular de 2022, obligando al Gobierno a navegar en un mar de tecnicismos mientras las necesidades de las regiones, siguen sin respuesta.

Este escenario revela una verdad incómoda: la democracia colombiana ha sido capturada por un "gobierno de los jueces". Cuando las mayorías legislativas fallan en bloquear el cambio, las altas cortes intervienen para declarar "inexequible" la esperanza. Ante este panorama, el papel del gobierno nacional queda reducido a una lucha defensiva constante, donde cada avance es impugnado y cada reforma es desmantelada antes de nacer.

El bloqueo institucional contra el Proyecto del actual gobierno ha sumado un nuevo y crítico capítulo con la reciente intervención del Consejo de Estado, que ha decidido tumbar el incremento del salario mínimo decretado por el Ejecutivo. Bajo el argumento de supuestos vicios de forma y un tecnicismo que prioriza la frialdad de las cifras macroeconómicas sobre la dignidad humana, esta alta corte ha asestado un golpe demoledor a la capacidad adquisitiva de millones de colombianos. Mientras los clanes políticos y las élites empresariales celebran esta "victoria jurídica", el ciudadano de a pie en regiones ve cómo el sistema legal se utiliza, una vez más, para frenar la redistribución de la riqueza y mantener la mano de obra en condiciones de precariedad sistémica.

Estamos ante el ejercicio cínico de un "gobierno de los jueces" que, al tiempo que protege las exenciones fiscales de las grandes mineras, le quita el pan de la mesa al trabajador, demostrando que el aparato judicial colombiano actúa hoy como la última línea de defensa de una clase política y económica que se niega a ceder sus privilegios.

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