lunes 16 de marzo de 2026 - Edición Nº54

Internacionales | 14 Feb

Mundo.

De la rebeldía del mártir a la orgía del capital.

San Valentín.


Por: Redacción.

San Valentín: De la rebeldía del mártir a la orgía del capital transnacional.

Lo que hoy conocemos como el "Día de los Enamorados" es quizás el ejemplo más acabado de cómo el sistema de mercado es capaz de fagocitar un símbolo de resistencia para transformarlo en una herramienta de extracción masiva. El origen de esta celebración se remonta al siglo III en Roma, cuando el sacerdote Valentín desafió las leyes del emperador Claudio II, quien había prohibido el matrimonio entre jóvenes guerreros bajo la premisa de que los solteros eran mejores soldados. Valentín, en un acto de insurrección clerical, casaba a las parejas en secreto, pagando su osadía con el martirio y la ejecución un 14 de febrero. Aquel sacrificio por el amor y la autonomía personal ha sido hoy secuestrado y reempaquetado como un producto de consumo obligatorio.

La evolución de esta fecha ha pasado de ser una conmemoración del espíritu humano a convertirse en una despiadada orgía comercial. En un ejercicio de alquimia publicitaria, el sistema ha logrado implantar la idea de que el afecto se mide por la capacidad de gasto, obligando a las clases populares a endeudarse para cumplir con estándares estéticos y materiales impuestos. Lo que antes era un gesto de desobediencia civil frente a un imperio, hoy es una sumisión voluntaria ante las grandes superficies y las plataformas digitales, que utilizan algoritmos de culpa y deseo para vaciar los bolsillos de quienes apenas sobreviven a la inflación y las tarifas de servicios públicos.

El cierre de esta jornada no deja espacio para la poesía, sino para la frialdad contable. Mientras las parejas intentan estirar su presupuesto, en las trastiendas de los gremios comerciales se celebra una fiesta muy distinta. Los mercaderes se proponen, por diseño, sacarte hasta el último peso del que dispongas, utilizando tácticas de presión psicológica y ofertas engañosas. Entre ellos, sin pudor alguno, se vanaglorian de lo que llaman el "instinto asesino": ese apetito voraz y deshumanizado por vender más y más, sin importar si el comprador compromete su sustento básico. Al final del día, San Valentín no celebra el amor, sino la victoria de ese "instinto" que ve en el ser humano a una presa y en su corazón, simplemente una billetera por abrir.

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