lunes 16 de marzo de 2026 - Edición Nº54

Internacionales | 26 Feb

Mundo.

La Otan dirige frontalmente el genocidio en Palestina.

La careta ha caído.


Por: Redacción.

La careta ha caído: La OTAN y el ocaso de la diplomacia humanitaria

La diplomacia occidental ha decidido, finalmente, deshacerse de los últimos vestigios de su máscara. Durante meses, el respaldo a la estrategia israelí en Gaza se mantuvo en la zona gris de la logística y la retórica; un apoyo que intentaba conservar una mínima apariencia de neutralidad humanitaria. Hoy, esa ficción ha terminado. La suspensión coordinada de fondos a la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina) por parte de las potencias de la OTAN no es una reacción administrativa; es un compromiso frontal con la política de exterminio.

Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Italia y otros aliados han orquestado lo que parece ser una respuesta propagandística diseñada en los despachos de Tel Aviv, justo cuando la querella sudafricana ante la Corte Internacional de Justicia comenzaba a cercar la narrativa oficial de Israel. Al recortar la financiación en el momento de mayor vulnerabilidad de la Franja, Occidente no está "investigando", está ejecutando una sanción colectiva que, en los hechos, equivale a una sentencia de muerte para miles de civiles.

El desierto de la ayuda.

La arquitectura de la supervivencia en Gaza se ha reducido a escombros. La UNRWA, el último dique de contención frente a la hambruna y el colapso sanitario, ha sido diezmada. De las 22 instalaciones que el organismo operaba en el territorio, solo cuatro permanecen funcionales. No estamos ante un efecto colateral de la guerra, sino ante el resultado de un diseño sistemático.

Mientras los gobiernos occidentales esgrimen acusaciones para cerrar el grifo de la ayuda, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) describe el escenario real: una inanición impuesta. Abeer Etefa, portavoz del organismo, ha sido contundente al denunciar que las restricciones no son solo burocráticas, sino un bloqueo táctico. Las misiones de asistencia alimentaria al norte de Gaza —donde la población se desvanece por la carencia calórica— han sido prácticamente anuladas desde mediados de enero.

El ejército israelí no está únicamente bombardeando infraestructuras; está utilizando el hambre como arma de precisión quirúrgica, y las potencias de la OTAN, con su silencio cómplice y su retención de fondos, han decidido ponerse a su lado en la trinchera.

La complicidad como doctrina.

Esta maniobra revela una verdad incómoda: el genocidio palestino no ocurre a pesar de Occidente, sino bajo su encargo. La narrativa de la "autodefensa" ha sido reemplazada por la lógica de la "eliminación del testigo". Al asfixiar a la UNRWA, la OTAN busca borrar la última memoria operativa de la catástrofe humana en Palestina.

La querella de Sudáfrica puso en evidencia la orfandad de la ley internacional; la respuesta de la OTAN ha confirmado su muerte. La sincronización de los anuncios de suspensión de fondos demuestra que no estamos ante una serie de decisiones independientes, sino ante una unidad de acción geopolítica.

Se ha normalizado el horror. Se ha normalizado que las potencias que se erigen como guardianas de los derechos humanos sean las mismas que financian, directa o indirectamente, el cerco de inanición más eficiente del siglo XXI.

En el Diario del Observador seguiremos registrando cómo, en este ajedrez cruel, la diplomacia se ha convertido en el arma más letal de todas: la que asesina no con proyectiles, sino con la burocracia de la indiferencia.

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